Un encuentro emotivo

«La sangre que corre por mis venas, se la debo a Yad Eliezer».

Un encuentro emotivo

Cada vez que nos encontramos frente a alguna carencia, intentamos ayudar. Ya sea con canastos de alimentos, leche maternizada para bebés, etc. Aunque sea algo pequeño. A veces podemos entregar un paquete de asistencia general y lograremos revertir la situación de una familia totalmente. Pero muchas veces, la sensación es que con toda la ayuda del mundo, no habrá suficiente para tapar el agujero sin fin de carencias.

Quizás por eso es que el encuentro con Rajel, fue tan movilizante.

Milka la encontró en un paseo en familia. Una mujer joven que impresionaba muy bien. Tres pequeños encantadores, bien vestidos y sonrientes. Ella contó que trabaja en una conocida empresa como contadora profesional. Y se interesó en qué se dedica Milka.

Cuando Milka le respondió sobre su trabajo en Yad Eliezer, se sorprendió del fuerte cambio que eso originó en la mujer. Los ojos se le llenaron de lágrimas y su voz se oía entrecortada por la emoción.

«¿Yad Eliezer? ¡La sangre que corre por mis venas, se la debo a Yad Eliezer! ¿Recuerdas el barrio XX?»

Milka recordaba. Uno de los barrios más pobres de Israel. Yad Eliezer operaba en forma masiva por esa zona, repartiendo productos alimenticios y leche maternizada para bebés permanentemente. También solían hacer muchas visitas a domicilio para ver de cerca y oír las necesidades de la gente.

«Soy la hija de Lang (nombre ficticio). Si no fuera por ustedes, no hubiera llegado a los que soy hoy. En realidad, no hubiera podido llegar a nada.

Los alimentos que nos mandaban constantemente, me permitían cocinar  comidas nutritivas para mí y para mi hermanito cuando mi madre se encontraba en la cama o se olvidaba de nosotros. Cuando crecí un poco, comencé a trabajar  y con ese dinero, pagaba mis estudios. No me cabe duda, que gracias a ustedes pude sobrevivir mi infancia llena de carencias y necesidades. Y me dieron la posibilidad de canalizar mis ingresos  en pro de una profesión.»

Milka entrecerró los ojos y recordó a la pequeña Rajel. Desde muy pequeña  asombraba por su fortaleza y su empuje. Era terrible la diferencia entre ella y sus padres tan débiles e impotentes. Milka jamás creyó que de una familia así pueda crecer una joven sana de cuerpo y alma.

Nosotros ayudamos, todo lo que nos es posible. Y soñamos con que pasando los años, algo pueda crecer y florecer…porque estuvimos allí.

¡Aporten ya!