Comida caliente

En épocas de opresión y angustia, cuando hay un enfermo en la casa, cuando las preocupaciones diarias son tan violentas… nadie tiene tiempo para ocuparse de un menú caliente, nutritivo y casero para los niños. En casa de ancianos o de personas con diversos impedimentos, donde no hay quien se ocupe de cocinar ni de servir un plato de comida humeante. A esos hogares llega Yad Eliezer repartiendo comidas calientes, frescas y alimenticias, con total entrega, preocupación y calidez

El proyecto “Comida Caliente” complementa una problemática importante en el sector alimenticio, que no quedaba resuelto en los distintos focos de ayuda convencionales.

Yad Eliezer también reparte bonos de compra para ser utilizados en la adquisición de alimentos para cocinar. Paralelamente, se reparten productos alimenticios, y materia prima para preparar comidas calientes en los hogares. Existen también varios comedores populares, donde se sirve al público diariamente, comidas cocinadas.

Pero ¿qué pasa con aquellos que no tienen la suficiente información, la fortaleza o el tiempo para cocinar una buena comida caliente para su familia?

¿Y qué pasa con la gente honorable que de pronto se ven necesitados de ayuda? ¿Acaso ellos irán a un comedor popular?

Fideos crudos o pollo congelado no logran calmar el hambre de un niño de 8 años que su madre no consigue levantarse de la cama. El dinero es muy importante, mas no logra satisfacer el hambre cuando no hay quien se ocupe de comprar los productos necesarios, cocinarlos y ofrecer un cálido plato de comida. Para esas familias, Yad Eliezer se preocupó en ofrecerles una mejor solución.

Día a día se reparten en esos hogares, tan sensibles, tan sufridos, o tan honorables que no pueden dirigirse a una asistencia popular, raciones de comida cocinada con enorme cariño. Los niños reciben a través de estos platos de comida, los nutrientes básicos, las vitaminas necesarias, y la preocupación por su óptimo crecimiento. Gente triste y solitaria, disfruta del inigualable gusto casero. Las madres sirven a sus hijos platos llenos de comida fresca y caliente, recibiendo una sensación de seguridad y un refugio para su lastimosa maternidad.

Canasta familiar

Yad Eliezer reparte decenas de miles de raciones calientes anualmente. Los alimentos son cocinados en las enormes cocinas de la institución, que cumplen con las más estrictas leyes de higiene, manteniendo un alto nivel de estética. La materia prima se adquiere a precios de costo o se aprovecha los remanentes de la producción agrícola. El menú, siempre nutritivo y variado, se amplia y enriquece en Shabat y Jaguim.

Tan solo una olla de sopa humeante. Tan solo una fuente de papas asadas. Tan solo una bandeja de milanesas crocantes. Un hogar, normalidad, respeto, nutrición básica, la inigualable sensación de sentirse satisfecho…

Fideos crudos o pollo congelado no logran calmar el hambre de un niño de 8 años que su madre no consigue levantarse de la cama