¿Por qué doy a los demás?

¿Por qué doy a los demás?

Él nunca recibió el dinero fácil: desde los 13 años que trabaja con tesón y esfuerzo. A sus hijos los educa a trabajar y ser independientes. A los pobres, simplemente les da.

¿Qué dirían ustedes si alguien les pide que le donen una computadora?

A veces nos topamos con familias carenciadas que tienen una necesidad bastante exótica: necesitan una computadora.

Los motivos son diferentes y variados. Por ejemplo una niña que sufre de una grave dislexia. Podrá avanzar y estudiar con la ayuda de un programa de computación especial con el que logrará aprender a leer. Pero si no hay dinero para comprar la leche, ¿cómo podrán hacerse de una computadora?

Una mujer abandonada, por fin encontró un buen trabajo. La única exigencia para recibirse, es que tenga contacto constante desde su casa a través de la computadora. Hace varios años que no puede comprarse ni un par de zapatos… ¿una computadora??

En el último decenio, el «hombre de las computadoras» de Yad Eliezer donó decenas de computadoras a familias como estas. Es un hombre grande y alegre, un hombre de trabajo duro. Aceptó compartir con nosotros su filosofía de vida, esa que le permite donar y donar al prójimo.

Filosofía de vida: las personas que tienen el dinero suficiente para arreglarse en la vida

«El mundo se divide en tres categorías de personas»- manifiesta el hombre de las computadoras- «aquellos que poseen mucho dinero, aquellos que tienen lo suficiente como para arreglarse en la vida, y aquellos que no tienen nada. Para decidir donar me formulo dos preguntas: ¿puedo o no puedo? ¿quiero o no quiero? Yo creo que para nosotros -la gente trabajadora- la respuesta es siempre PUEDO, es cuestión de maniobras y prioridades. La única pregunta relevante es si QUIERO.

¿Y cuándo quiero? Cuando reconozco a la persona que realmente no tiene nada y logro contactarme con su dolor y su opresión.

La meta: trabajar duro y triunfar

«Yo mismo soy un trabajador neto. A los 13 años de edad ya estaba trabajando en una obra de construcción y me sustentaba solo. A los 14 años ya colocaba los pisos. A los 15, ya sabía hacer fundiciones, y a los 16 trabajaba en plomería. Hoy en día también trabajo casi las 24 horas del día.

A mis hijos los educo para que trabajen y sean responsables de su economía. Siempre estoy dispuesto y alegre de ayudarlos, pero siempre y cuando corrobore primero que ellos hacen su trabajo con esfuerzo y responsabilidad.»

A mis hijos los educo, a los demás les doy

Yo lo observo. Un hombre que se arregló solo desde tan pequeño. Justamente un hombre como él, podría responder a cada persona necesitada: ¡arréglate solo! ¡ocúpate de ti mismo!

«Conozco a Yad Eliezer hace muchísimos años. Y sé que ustedes ayudan a  aquellos que no tienen la capacidad o la posibilidad de arreglarse solos. Aunque, en realidad, a mí,  no me cambia. A mis hijos los educo, a los demás: les doy. Doy sin propagandas, doy sin pretender educar a nadie. Doy porque comparto el dolor y la opresión de esa gente.»

Hay personas que se dedican a ayudar al prójimo. Hay personas que poseen mucho dinero y podrían ayudar sin límite. La mayoría de nosotros pertenecemos a la categoría de gente trabajadora, que con un poco de maniobras y equilibrio, y muchas  GANAS, podemos brindarnos y ayudar mucho.

 

¡Ayúdalos!