¿Dónde encontrarán gente como ésta?

 Una impresionante historia de gente que vive entre nosotros.

¿Dónde encontrarán gente como ésta?

«Era un pequeño tan abandonado y maloliente, que me lo llevé conmigo…»

La sonrisa de Milka es amplia e invita a imitarla, la sonrisa de la mujer que se sienta frente a ella es simple y delicada. Milka me hace señas desde lejos: «¡Ven! ¡Acércate!»- me pide- «Quiero presentarte a alguien». La señora se llama Efrat Lewin (nombre ficticio). No es un nombre demasiado extraño. Su esposo se llama Yaacov.  En el mismo edificio donde entraron a vivir como recién casados, vivía otra familia de nombre Yaacov Lewin. Una agradable coincidencia.

Mas, algo resultaba extraño en la segunda familia Lewin. Una de las vecinas sospechaba, por lo que averiguó y comprobó que la madre de los Lewin había fallecido hacía poco tiempo y el padre desapareció. Cinco niños, el más pequeño de tan solo dos años, vivían en condiciones sobrehumanas, en terrible abandono, sobreviviendo de milagro.

Los Servicios de Acción Social, algunos parientes y gente preocupada, entraron en acción. Efrat Lewin, una joven mujer recién casada, entró al departamento tomó en sus brazos al bebé de dos años- sucio y desamparado- y se lo llevó a su casa. El bebé no se opuso, ella se alegró que las experiencias trágicas que vivió no eran tan graves como para provocarle miedo al contacto humano. Luego comprendieron que el niño estaba simplemente apático y demasiado débil como para resistirse. Ella calentó agua y le preparó la bañera. Cuando le enjabonó la piel tratando de despegar la suciedad, pensó que quizás este niñito nunca recibió un baño desde que salió del sanatorio a los tres días de vida.

A los servicios estatales les resultaba cómodo que esta señora se haya tomado el bebé a su cargo. Les era suficientemente difícil arreglarse con los otros cuatro hermanos. Incluso algunos parientes intentaron ayudar pero pronto se daban por vencidos. Pero Efrat, no concebía la idea de que un pequeño de apenas dos años tenga que trasladarse entre orfanatos,  diferentes instituciones,  familias adoptivas, y quién sabe dónde más. Entonces decidió dejarlo con ella. David. Un niño pequeño que no conoció las caricias. Un bebé débil y hambriento. Una pequeña personita que necesita  amor, educación, un abrazo y un pañal limpio.

«Solo a los 17 años le contamos que es adoptado»

La familia creció. El pequeño David- que aún en su documento de identidad figuraba como hijo de Yaacov Lewin, no sabía que no es hermano auténtico de los pequeños que se sumaron a la familia. Él era absolutamente, uno de ellos. Un niño inteligente, que dos años de abandono no alcanzaron a destruir su alma. Luego de una rehabilitación física lenta y llena de paciencia y una dedicación total llena de amor, lo hicieron brotar como una nueva flor. El hijo mayor del hogar. Como en todas las demás familias. «Yo sé que está prohibido amar a un hijo más que a otros»- dice Efrat- «¿pero qué puedo hacer si de todos modos siento que lo amo más que a todos?»

A los 17 años, y tras consultar con profesionales, los padres Lewin relataron a su hijo primogénito, su verdadera historia. Efrat no comparte con nosotras la reacción ante la noticia, solo podemos percibir por su tono de voz, lo difícil de la situación. Pero luego, la vida regresó a su rutina. David continuó siendo el hijo mayor admirado y respetado por los hermanos  menores.  Continuó preparando  huevos fritos en la cocina para él y también a veces para ella. Continuó haciendo compras, ordenando su habitación y conversando con ellos  charlas de adultos hasta entradas horas de l anoche. «Es un muchacho maravilloso»- dice Efrat con una sonrisa amplia de madre orgullosa. Ella no se maravilla de sus propios actos- me percato- solo se maravilla del niño. Mejor dicho, el muchacho. ¿O quizás ya, el hombre?

¿Y qué depara el futuro?

David se puso de novio hace dos semanas.  Sin que yo le pregunte, ella explicó: obviamente debemos ayudarlo en la organización de su nuevo hogar, te imaginas, electrodomésticos, muebles básicos. Pero David ¡es tan delicado! La semana pasada, cuando volvió de acompañar a su novia a su casa tras haber compartido junto a nosotros el Shabat, nos sentamos a conversar. Nos dijo que él conoce nuestra situación económica  y que no va a permitir que gastemos dinero que no poseemos. Así es él, un hijo bueno y considerado. ¿Dónde se encuentran hoy en día hijos tan amorosos que no quieren causar esfuerzo a sus padres?

Todo lo atribuye al alma noble del muchacho. A su buen corazón. Ni una palabra respecto a que no es hijo de ellos.

Por este motivo ella se presentó en Yad Eliezer, para averiguar si el proyecto de casamientos de Yad Eliezer puede ayudarla a casar a su hijo mayor honradamente.

¿Te das cuenta?- me dice la mirada de Milka al despedirnos- no es necesario ser parte de una gran organización con varias sucursales, y los voluntarios no deben ser millonarios ni famosos filántropos para ayudar de verdad. Es posible abrir el corazón, la mano y el hogar con amor sincero, y crear mundos de bondad. Cada uno en lo que puede, cada uno cediendo un poco de su propia comodidad.

En mi camino de regreso a casa me compré un café y una factura. Al salir de la confitería me topé con una mujer pordiosera. La sonrisa de Efrat Lewin  que me acompañaba, me hizo abrir mi mano y convidarle a la pobre mujer, un humeante café y una deliciosa factura de regalo.

¡Aporten ya!