Historias de donaciones con valor agregado

Historias de donaciones con valor agregado

En mi trabajo en Yad Eliezer, me topé con un fenómeno hermoso.

La gente toma la decisión de contribuir con una donación en favor de algún proyecto específico. Entonces aportan, pero finalmente, aportan más de lo que habían pensado en un principio.

Eso ocurre en infinidad de ejemplos.

Agregó otra suma para un paseo

Un filántropo extranjero, dona todos los meses la subvención total de un casamiento para alguna pareja de huérfanos. Nos despacha la suma exacta para solventar todos los gastos adjuntos como ser el salón de fiestas, la orquesta, el fotógrafo y la comida. Por cierto, una donación por demás generosa de decenas de miles de shkalim.

Él donó, pero donó más aún. A su enorme contribución agregó otros 500 dólares solicitando que la pareja los utilice para disfrutar de unas vacaciones juntos.

Finalmente agregaron un poquito más

En nuestro sitio web recibimos muchas veces donaciones de sumas «casi» redondas. Una donación de 102 shekel para asistir a algún enfermo. 52 shekel para la canasta familiar. La gente quiere colaborar, revisan sus posibilidades y deciden la suma. Pero cuando les toca presionar la tecla «¡Aporta ya!», desean aportar un poquito más. Cuanto más puedan.

Harina, azúcar y una pequeña golosina

En mi infancia, fui voluntaria de Yad Eliezer recolectando productos alimenticios entre mis vecinos. De la casa de uno de ellos, siempre salía con un gran tesoro. Por lo general me entregaban varias latas de conservas, fideos o legumbres, según las posibilidades.

Ellos aportaban. Pero aportaban un poquito más. Siempre agregaban algunos chupetines, un chocolate o un  pequeño paquete de cornflakes.

Más allá del valor económico de estos aportes, llevan un mensaje personal que no debemos omitir. «Querido hermano. Estimada señora angustiada. Estamos junto a ustedes. Quisiéramos poder brindarles el mundo entero. Nos brindamos lo máximo que pudimos».