Un abrigo muy valioso – Informe de la coordinadora de Yad Eliezer en Tzfat

Esto es una traducción libre del blog escrito ésta semana, por la coordinadora de Yad Eliezer en Tzfat. En un idioma claro, fluido y sincero, relata una historia de  ayuda mutua. La atención al prójimo siempre latente, bien intencionada y prudente. Increíble.

Un abrigo muy valioso – Informe de la coordinadora de Yad Eliezer en Tzfat

Quiero contarles la historia referente a unos vecinos míos. Vamos a llamarlos “Familia Levy”.

La señora Levy nació en Canadá y llegó a Israel por razones ideológicas. Conozco a la señora Levy hace ya muchos años, es una mujer inteligente, agradable, bondadosa y muy trabajadora. Tanto ella como su marido trabajan duro, pero el sueldo no les alcanza para pagar el alquiler de la casa, los impuestos y los aranceles de educación, al margen de alimentos y vestimenta para toda la familia. En otras palabras: la familia Levy, es una familia pobre.

Cierta vez,  me llamó por teléfono un tanto avergonzada, y me preguntó si me quedaron algunos restos de comida para su bebé. Me explicó que se  acabaron todos los productos alimenticios en su casa y en ese momento no tiene la posibilidad de hacer una nueva compra. Le mandé un poco de sopa de pollo que me quedaba e inmediatamente recolecté una o dos bolsas con productos alimenticios entre los vecinos para ayudarla. Todos los vecinos aportaron algo, a pesar de que también ellos viven con lo justo. La mayoría de los vecinos aquí, viven tan restringidos que cuando puedo cocinar algo de carne durante la semana, me cuido de cerrar las ventanas. No quisiera que aquellos que prueban el pollo tan solo en Shabat, huelan mi comida y sientan envidia o angustia.

Cierta vez uno de los vecinos se comunicó conmigo para comentarme que la familia Levy está comiendo solo arroz en la última semana, ya que no tienen nada más en la casa. Todo tiempo que había arroz, decidieron arreglarse con ello, pero cuando se acabó por fin, la señora Levy solicitó ayuda de la vecina. Nuevamente organizamos una pequeña colecta de productos alimenticios, un poco de dinero, y se lo enviamos.

En los últimos años, muchas de las familias de nuestro barrio lograron arreglarse -aunque forzosamente- con el sustento. La familia Levy comenzó a recibir canastos de alimentos de Yad Eliezer. Las hijas mayores trabajan de babby sitters y  el dinero que ganan, lo aportan al presupuesto familiar. Hasta el punto que puedo ver, la familia ya se alimenta normalmente. Pero ropa nueva o compras en los negocios, son costumbres que no existen en la rutina de la familia.

La semana pasada ocurrió algo increíble. Las niñas de la familia Levy recibieron abrigos nuevos, hermosos, muy abrigados, bien a la moda, costosos, simplemente ¡abrigos de primera calidad! Mis hijas estaban de lo más envidiosas.

No me pidieron, sino que me exigieron que averigüe dónde se pueden conseguir esos abrigos ya que ellas quieren exactamente los mismos. Mis hijas se probaron las camperas, se deleitaron de su cálido abrigo, y se asombraron de los lindos modelos y el elegante estilo. Preguntaron a sus amigas dónde los compraron exactamente para “arrastrarme” a mí a ese negocio. Yo sabía que aunque puedo darme el lujo de comprar ese tipo de camperas, no podré conseguirlas por la zona donde vivo, ya que no se venden ropas de alta calidad en los negocios de mi barrio.

La familia Levy recibió los abrigos de regalo. Fueron 3 de entre 5.000 hermosos abrigos que se distribuyeron con gran amor, a través de todo el país. Es un proyecto compartido entre los donantes y los voluntarios de Yad Eliezer que comenzó hace varios meses, mucho antes de acordarnos que tiene que llegar el invierno. Parte de los encargados llegaron hasta China para verificar que se trata de abrigos realmente de primera calidad. También se esforzaron por conseguir el precio más bajo del mercado con el fin de lograr que la mayor cantidad de niños de familias carenciadas de Israel, puedan disfrutar de un excelente abrigo desde el comienzo del invierno.

Mis hijas aprendieron a sentir lo que las hermanas Levy y tantas otras, sienten constantemente cuando ven niñas estrenando ropas nuevas que ellas jamás podrán tener. Comprendieron que el hecho que muchas veces ellas posean más que otras niñas, no las transforma en mejores, más importantes o más especiales que las demás. También aprendieron a estar más felices y satisfechas con la suerte que les tocó.

Ciertamente. Esos fueron unos abrigos realmente muy valiosos.